29 de julio de 2011

Experiencia Pirámides - Inicios (1)

(Tiempo de lectura: 4 minutos)

Puerto Pirámides es un hermoso lugar que queda a 95 km de Puerto Madryn, por ruta. De chico fui miles de veces, algunas a pasar el día con mi familia, otras con la escuela, y muchas con amigos a disfrutar de ese camping mágico que tiene algo único: conexión directa con la playa con solo trepar los médanos.

No hay duda que los madrynenses conocemos mucho Pirámides, es casi imposible que viviendo allá no hayamos ido aunque sea una vez. Lo que no tengo tan claro es que realmente conozcamos el camino que une ambas ciudades, o tal vez lo que conocemos es sólo una parte de él.

Adrián, un gran amigo, una vez me contó que él con su hermano Iván y otro aventurero (Alan) se habían ido caminando desde Madryn a Pirámides. Cuando me lo contó yo recuerdo que lo escuché, es cierto, pero no tomé la real dimensión que tenía ese relato. No comprendí profundamente lo que él me estaba compartiendo. ¿Caminando? ¿2 o 3 días? ¿Era tan importante el tema del agua? ¿En serio se equivocaron y cargaron agua en un bidón contaminado y eso les complicó un poco llegar? Qué peculiar... Claro, en ese momento pensé que nunca iba a hacer algo parecido. El diálogo ocurrió un verano, hace varios años.

Mucho después de esa charla, en noviembre del 2009, yo estaba en Buenos Aires. Vivía la rutina del día a día y el cansancio de los hasta ahí 11 meses del año se empezaba a sentir. No había sido un año fácil. En octubre me había recibido, y la verdad es que ese momento no había sido de alegría, mucho menos de felicidad, había sido solo un gran alivio después de tantos meses de frustración académica. Además era un año raro por la crisis mundial, al igual que en el 2001 yo sentía adentro sensaciones extrañas por ver tanto revuelo. En los momentos donde la Economía no anda bien salen a flote todas esas miserias que siempre están, pero por nuestra forma de ser, como personas y como sociedad, preferimos dejarlas a un lado en los períodos donde el barco va con viento a favor.

Por un instante mi cabeza viajó hasta las vacaciones de verano. ¿Qué podía hacer en Madryn esa semana de diciembre en la me iba? Quería hacer algo diferente, algo intenso, algo que sea desafiante para el físico, algo que no se termine rápido. Necesitaba una experiencia que me "permita a mí encontrarme conmigo" un poquito más. Que lindo sería que fuera en la naturaleza, al aire libre! 
No era tan loco pensar en algo parecido a lo que habían hecho Adrián y compañía tiempo atrás. Pero... ¿era posible?

Alan era uno de los 3 que habían hecho la caminata. Conozco su pasta de organizador y su gran capacidad didáctica, así que no dudé en escribirle. Quería saber de qué se trataba ir a Pirámides de una forma diferente a la que siempre fui. Le pregunté de qué se trataba. Al otro día me contestó un hermoso mail. Recién me puse a revisar el intercambio de correos de ese momento. Sin duda Alan me llenó de energía con sus líneas. Cada palabra me entusiasmaba más, y la idea de hacer una travesía parecida a la de ellos me atrapaba.

Y acá llega un momento especial, y que forma parte de cada uno de los caminos a recorrer. No hay tal vez algo más clave, y Alan me lo mencionó clarito en su mail, que LA COMPAÑÍA con la que emprendemos cualquier empresa. Es, inclusive, más importante la Compañía que el recorrido mismo que vayamos a hacer.

Empecé a invitar a cada uno de los que pensé que me podían acompañar. La fecha de la caminata era complicada, y la travesía era especial, así que no fue fácil encontrar compañía esta vez. 

Uno de los primeros con los que compartí este proyecto fue con Martín, un amigo al que conozco desde que entré a la Escuela de la Costa, a los 8 años. Martín es mi compañero de "locuras", ese que siempre se prende a las aventuras y a toda idea loca, fanático de desafiar los límites, y por supuesto gigante persona y compañía. Se lo propuse y al instante se entusiasmó, él no tenía tan claro si en esa fecha iba a estar en Madryn, pero igual me confirmó su presencia sin dudarlo. Finalmente ninguno más pudo prenderse, así que ya estaba definida la tripulación, éramos Martín y yo. Y estábamos listos.

En ese momento nació "Experiencia Pirámides". Nació otro Camino a recorrer, otro viaje para pensar, programar, preparar, y finalmente vivirlo. Otra meta, a la cual sería importante llegar, pero lo más importante, en realidad, iba a ser transitar con amor y entrega cada paso que dábamos hacia ella.

¿Qué teníamos confirmado hasta ese momento? No mucho, pero sí varias cosas fundamentales como: 1) el lugar de partida, 2) el lugar de llegada y 3) el medio de transporte --> nuestras piernas.

Fanático (casi enfermo) de los mapas me metí en el Google Earth y tracé nuestro posible recorrido. Ya estábamos ahí: 


Unos días después pusimos la fecha, la caminata iba a arrancar el 21 o el 22 de diciembre, y no sabíamos si la íbamos a hacer en 2 o 3 días. Faltaban definir muchísimas cosas pero Experiencia Pirámides ya era un hecho, y estábamos empezando a enamorarnos de ese camino.

Continuará...


5 comentarios:

  1. Muy emocionante, tengo mucha ansiedad por recordar los relatos de ese viaje. Los espero con Ansias. Muy buena experiencia.

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  2. José! qué lindo que me hayas compartido esto! y ni hablar de la alegría que me produce leer tanto entusiasmo y pasión... se nota, anduvimos el mismo camino! perdón, va de vuelta, Camino (con mayúscula), como bien recalcás, es más que sólo este recorrido entre dos puntos. Espero que nos juntemos a intercambiar anécdotas y quién te dice, compartiremos alguna huella? Abrazo grandísimo!

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  3. QUE EL HOMBRE SEPA, QUE EL HOMBRE PUEDE...

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  4. Groso medio loco lo de ustedes. Cuénteme para la próxima!
    Abrazo Mátyás

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  5. Muy bueno, espero pronto la 2da parte.
    Que estratégico donde aparece el continuará... quedan ganas de saber más

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Muchas gracias por ser un Enamorado más de El Camino.